En septiembre de 1823 llegó Simón Bolívar a Lima; las primeras acciones estuvieron orientadas a sellar definitivamente la independencia del Perú y terminar con la presencia del gobierno español en nuestras tierras, imponer el orden y evitar la anarquía que se empezaba a gestar y que constituía una amenaza permanente para la estabilidad y autonomía de las demás repúblicas latinoamericanas.
El 25 de febrero de 1825 se dio la ley que fijaba definitivamente el peso, ley y tipo de la moneda nacional y a partir de entonces las variaciones fueron mínimas, cambiando básicamente la iconografía.

El 24 de abril de 1830 se aprobó y promulgó el Reglamento General de Amonedación, que se encontraba pendiente desde el gobierno de Riva Agüero, creándose las cecas de Arequipa y Trujillo en 1831, amparadas en un decreto del gobierno que promovía la instalación de casas de acuñación que debían mantener el diseño establecido e identificar con claridad el año de acuñación, el valor, la ceca y las iniciales del ensayador. Las gestiones para el funcionamiento de la ceca de Trujillo se extendieron hasta 1835. También se solicitó al gobierno un permiso para abrir una Casa de Moneda en Chucuito, solicitud que se denegó.

La etapa del caudillaje desencadenó una serie de guerras civiles en el Perú que enfrentó a Salaverry, Gamarra y Orbegoso, situación que aprovechó el entonces presidente de Bolivia, Andrés de Santa Cruz, para lograr lo que hacia tiempo ambicionaba: reunir a Bolivia y al sur del Perú en una confederación. Los caudillos peruanos, aliados con Santa Cruz, facilitaron el proceso y con el Pacto de Tacna, celebrado el 1º de mayo de 1837, quedó establecida la Confederación conformada por tres estados confederados: el Estado Nor Peruano, el Estado Sur Peruano integrado por Ayacucho, Cusco, Arequipa y Puno y, Bolivia. Se estableció que cada Estado conservaría su moneda, la que circularía libremente por todo el territorio confederado y como el Estado Sud-Peruano no tenía moneda, no tardó en acuñar una propia en las cecas del Cusco y Arequipa.

Siendo Andrés de Santa Cruz presidente de Bolivia, en 1829 y a través de la Secretaria de Hacienda, ordenó acuñar moneda fraccionaria con la peculiaridad de una disminución intencional de la ley en un 26%. La circulación de esta moneda llamada feble acrecentó la crisis de la economía boliviana, que repercutió de manera severa en el Perú y en el resto de los países de la región. Convirtiéndose en un problema permanente para los Ministros de Hacienda peruanos, que no se pudo resolver sino hasta 1863.
La Confederación Peruano-Boliviana fue de vida corta y si bien tuvo importante acogida en los departamentos del sur peruano al poder beneficiarse del libre comercio, en cambio no fue bien recibida por las élites limeñas y del norte peruano, que tradicionalmente habían mantenido un intercambio comercial cerrado con Chile, país que a su vez vio a esta confederación como una amenaza para sus intereses económicos. Sin embargo, la prosperidad del país estaría siempre mermada por los conflictos internos y el problema monetario se acrecentaría con la exportación ilegal de monedas de buena ley, quedando en el país las de menor circulación.